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¿Bisexual mi esposa?

¿Podrá Mario superar la bisexualidad de su mujer? Claro es la visión de Andrea donde el amor lo puede todo.

-Quítame esta calentura amor, de verdad estoy ardiendo, necesito sexo

Le dijo Carmen en tono de súplica a su esposo, desde que habían hecho el trío con Aída y Carmen le había confesado su tendencia bisexual sus relaciones íntimas habían pasado de ser algo cotidiano para convertirse en algo esporádico. Mario que trabajaba frente a su computadora en el estudio de la casa volteo a ver a su mujer, su cara maquillada resaltaba su belleza, sobre su bien formado cuerpo lucía el vestido corto entallado que a él tanto le gustaba sus hermosas piernas sin medias y sus pies descalzos, el delicado aroma de su perfume llenaba el lugar. Se había bañado y arreglado para estar lo mas deseable posible para su esposo, sin embargo él se había vuelto muy frío ya no era el hombre apasionado con el que se había casado, todo había cambiado desde hacía unos meses justo después de aquel trío.

-¿De verdad lo quieres?…. – Preguntó Mario

-Amor.. De verdad, de verdad estoy ardiendo, ya no aguanto mas…. Hace mas de un mes que no me tocas, ya no sé que te pasa amor, ¿Ya no me deseas?.

Mario se levantó, tomó la mano de su mujer y la llevó a la recámara, la sentó sobre la cama, se arrodilló en el piso y comenzó a besar sus pies y sus piernas, levantó el vestido y notó que no usaba ropa interior, siguió besando sus muslos en la parte interna de ellos hasta llegar a su sexo, ella lo había perfumado y él comenzó a acariciarlo con sus dedos, Carmen presa del placer dejó caer su espalda sobre la cama, él separando los labios vaginales se puso a lamer su clítoris, metió sus manos por debajo del vestido para acariciar los pechos de su mujer y apretar delicadamente sus pezones mientras con su lengua lamía al derredor de la entrada de su vagina.

Carmen gemía de placer mientras sus manos acariciaban el cabello de su esposo, él metió su lengua en la vagina, las piernas de ella se apretaban sobre su cabeza y empezaron a temblar junto con sus nalgas y todo su cuerpo, soltó un grito de placer y Mario sintió las contracciones del orgasmo de su mujer que él prolongó lamiéndole todo su sexo y su ano. Carmen se relajó y quedó con sus piernas flojas con los pies apoyados sobre el piso, él siguió lamiéndola y besándola en su sexo y sus muslos, bajó por las piernas hasta besar sus pies, se puso de pie y le preguntó.

-¿Quedaste satisfecha?, ¿Se te bajó la calentura?

-¡No Mario!, no estoy satisfecha, quiero que me la metas por la vagina, por el culo, en la boca, por donde quieras, necesito tu semen quemándome por todos lados, quiero tragármelo, embarrármelo por todo mi cuerpo sentirme nuevamente la mujer de un hombre.. ¡Ya Mario, deja de tratarme así, méteme la verga y lléname de leche, hazme sentir mujer!

Y controlando su desesperación con palabras entrecortadas por el llanto agrego

-Por favor amor, te lo suplico, trátame como antes

El abrió el cierre de su pantalón y sacó su miembro, Carmen le dijo quitándose el vestido.

-No Mario, desnúdate, desnúdate… por favor amor

El se desnudó mientras Carmen ya desnuda se acostó sobre la cama con sus piernas separadas, le estiró los brazos para recibirlo sobre su cuerpo, Mario se metió en medio de las piernas de su mujer y la penetró para iniciar sus movimientos rápidos dentro de ella, “No lo hagas tan rápido amor, parece que quisieras terminar al meterla, ¿ya no disfrutas de estar dentro de mi?”, le dijo Carmen entre jadeos de placer, Mario no respondió y siguió haciéndolo de esa manera, ella lo detuvo, sacó el pene de su vagina, lo tomó con sus manos y lo puso sobre su ano, él no preguntó simplemente comenzó a meterlo, Carmen soltó un gemido entre dolor y placer al sentir el miembro dentro de su recto, no era la primera vez que lo sentía y le gustaba, los movimientos de él eran mas lentos y así estuvieron un rato hasta que Carmen entre jadeos sintió un pequeño orgasmo que no la relajó sino al contrario la excitó mucho más, le pidió a su esposo que la penetrara nuevamente por la vagina y él lo hizo en silencio.

Mario estaba también excitado, empujaba con fuerza su pene muy dentro de Carmen haciéndola gritar un “ahh” de placer con cada embestida, ella subió sus piernas sobre la cintura de él, su cuerpo se ponía cada vez mas tenso, sus nalgas y piernas temblaban se “colgó” con sus brazos del cuello de Mario levantando su cuerpo de la cama, dobló su cabeza hacia su pecho y soltó un grito parecido al rugido de una fiera mientras sus contracciones hacían que su pelvis se oprimiera sobre la de su esposo en un orgasmo fuerte y largo que la hacía gritar cada vez que su cuerpo se contraía placenteramente, “Mario, es increíble” gritaba entre jadeos y sonidos guturales “Agrr, ah, oh” que hicieron que él no lo pudiese retener mas y cuando ella empujó su pelvis sobre la de él sus chorros de cálido semen comenzaron a llenar a su mujer que gritó “Te amo, Mario, te amoooo” y se dejó caer sobre la cama con los brazos abiertos y las piernas separadas.

El quedó con sus manos apoyadas sobre la cama a los lados de la cabeza de su esposa que le dijo

-Que manera de venirme amor, como nunca, que delicia, te amo, eres increíble

El enderezó su cuerpo, tomó unos pañuelos desechables, sacó el pene y puso los pañuelos sobre la vagina de su mujer diciendo

-Ve a limpiarte

Y se recostó desnudo sobre la cama agotado por el placer, Carmen lo miró con tristeza, se levantó y entró al baño, al salir su esposo estaba adormilado pero ella cortó su letargo preguntando con voz quebrada por el llanto

-¿Qué pasa amor? dime, me tratas peor que si fuera una puta, solo falta que me dejes dinero sobre el buró en pago a mis servicios…. por Dios Mario ¿Qué te he hecho?

Carmen rompió en llanto y Mario sintió dolor al ver así a su mujer, la acarició y la besó en la espalda y le dijo.

-Chaparra, no me has hecho nada, creo que el que te ha fallado soy yo, si has terminado en la cama con Aída es por que yo no te he sabido complacer, ¿Sus relaciones comenzaron siendo mi esposa o desde adolescentes?

-Cuando ella se separó, hace unos 4 o 5 meses.

-Ya ves chaparra, me siento tan mal, no tienes idea, si me dijeras que te acostaste con otro, no sé, lo entendería, ¡¿pero con otra Carmen?!, ¡demonios!, me hace sentir inútil, incapaz, una basura frente a mi mujer, No es posible, ¡No es posible!!.. ¡Soy tan mierda que mi esposa me cambia por otra mujer!… ¡Carajo!… ¡¿Y como quieres que todo sea normal otra vez entre nosotros?!.

-No amor, no eres tú fue algo que… ¡diablos Mario!, no lo sé, cuando ella se separó de su esposo, llegó a la casa muy triste, tomamos unas copas y ella lloró, yo la abracé y sentí su cuerpo, sus pechos se apretaban contra los míos, su cara, ¡Por Dios Mario!, no lo resistí, nos besamos en la boca y terminamos desnudas lamiéndonos y besándonos, ella me trata con delicadeza, sabe como y donde lamer para llevarme al orgasmo y cuando lo tengo ella continúa lamiendo y acariciando… como mujer sabe que una es capaz de sentir orgasmos muy largos, interminables y me los da amor. Pero no lo cambio por el placer que tu me das, tú eres mi hombre, tu ocupas mi vagina con tu pene, tu me llenas de semen y lo mas importante ¡Yo Mario!, yo, tu mujer, disfruto plenamente de tú placer, me gusta ver como disfrutas de mi cuerpo, me gusta verte y sentirte ardiendo dentro de mi, me gusta oírte gemir, gritar, decirme cosas obscenas mientras te mueves dentro de mi vagia, me gusta que mames de mis tetas, me gusta que me beses y me llenes de tu saliva mientras me gozas, me gusta satisfacerte, me gusta, me gusta.. ¡Me gusta ser tu mujer Mario!.

Carmen terminó su frase con un grito ahogado por el llanto, Mario trató de decirle lo que le había dicho Aída, pero se arrepintió, sintió que eso lastimaría mas a su mujer y él la amaba, la amaba con locura y verla bañada en llanto le producía una mezcla de dolor y ternura que lo conmovía profundamente, observaba ese cuerpo breve y delicado desnudo sobre la cama, ese bello cuerpo que era capaz de llenarlo de un gran placer y que ahora estaba con la cara sobre una almohada, pero esta vez sus movimientos y jadeos no eran de placer sino producidos por el llanto, por el dolor o tal vez por el arrepentimiento. El quedó en silencio, con sus manos acariciaba la blanca piel de la espalda de su mujer, le besó la espalda y le dijo

-Mari Carmen, cálmate y vamos a platicar.

Carmen se llenó de temor, solo una vez siendo novios la había llamado Maricarmen y fue cuando terminaron por unos meses para después regresar a estar juntos y casarse, ella sintió que él estaba dispuesto a abandonarla, se enderezó para sentarse en la cama y abrazándose de su esposo le dijo.

-No Mario, no me dejes, por favor no me dejes, ¿Qué voy a hacer sin ti amor?, ¡No, no, no lo hagas!

-¡Cálmate chaparra!, no pretendo dejarte, no podría hacerlo, de sobra sabes que te amo, solo quiero que platiquemos esto calmadamente

La separó de él, con un pañuelo desechable secó sus lágrimas, el maquillaje de sus ojos se había “corrido” y su cabello caía revuelto sobre sus mejillas, él le acomodó el cabello quitándolo de su cara, le dio un beso en los labios y le preguntó.

-¿Por qué con una mujer chaparra?, ¿por qué no con otro hombre? solo dime el porqué.

-Ya te dije amor, me atrae Aída.

-¿Pero es solo ella o son todas las mujeres?

-Solo ella amor, cuando me busca para tener relaciones no me puedo resistir, no creo que lo hiciera con otra pero ella me gusta me hace sentir un gran placer.

-¿Y tú también?…..¿como decirlo?… ¿se lo haces?

-Si… yo también… menos que ella a mi, pero también se lo he hecho

-¿Y si fuera tan solo el deseo de probar otra cosa, de tener sexo con una persona diferente?

-No lo sé, tal vez necesite de un psiquiatra

-¿Has pensado hacerlo con otro hombre?

-No, no, eso no amor, eso no….

-¡Espera!, me refiero a eso precisamente, a que rechazas tajantemente la idea de ser infiel suponiendo que lo que haces con Aída no es infidelidad tan solo por el hecho de que no te penetra ni deja su semen dentro de ti, pero si es infidelidad amor, tanto o mas dolorosa para mi que si lo hicieras con otro, organizaste todo para verme coger con Aída, ¿Qué pensarías si al hacer un trío con otro hombre, mientras yo te penetro me pongo a mamarle al otro la verga?

-¡¿Cómo crees?!, yo no podría ver eso

-¿Y que crees que vi yo mientras me cogía a Aída y ella te lamía todo tu sexo?

-Pero a los hombres les gusta ver a dos mujeres haciéndolo.

-Si, si nos gusta chaparra hasta que vemos hacerlo a nuestra esposa y nos confiesa ser bisexual. Carmen yo entiendo que en una pareja hay veces en que uno quisiera sentir el calor de otro cuerpo, el placer de lo prohibido, una nueva experiencia, romper con la monotonía o lo que sea y se termina en la cama con otra u otro, no digo que esté bien, no debería ser así, como pareja deberíamos hacer que cada día fuera algo diferente entre nosotros, pero no lo logramos y caemos en la monotonía, solo que tú te resistes a romper la monotonía en la que tal vez te sientes atrapada digamos de una forma ¿normal?……. –Carmen interrumpió diciendo

-¿Qué me quieres decir Mario?, dilo claramente…

-Quiero que lo hagas con otro y que te aclares las cosas.

-No, no me puedo meter a la cama con cualquiera

-Trata con tu exnovio, a René le gustabas mucho, te deseaba, no creo que lo haya dejado de hacer.

Carmen que estaba sentada sobre la cama con sus piernas dobladas sobre su pecho, abrazándose de sus pantorrillas, metió la cara entre sus rodillas diciendo.

-Ay amor.

-¿René y tú lo hicieron muchas veces?…. –Preguntó Mario

Carmen permaneció unos instantes con la cara oculta entre sus rodillas, la levantó y mirando fijamente a su esposo le dijo.

-Eso es lo que siempre has creído, lo que muchos han creído, pero no amor, tú has sido el único, René me lo pidió muchas veces, mismas veces que me negué, sé que lo haría conmigo si tuviese la oportunidad pero yo no me siento capaz de…… mejor dame un beso y vamos a dormir, mañana hablamos con mas calma.

-OK, metete a la cama, yo voy a fumarme un cigarrillo y a terminar lo que estaba haciendo, en media hora vengo contigo, pero piénsalo chaparra tal vez lo que deseas realmente es tener a otro en tu cama.. piénsalo bien.

Mario bajo al estudio donde apagó su computadora, encendió un cigarrillo, se sirvió una copa de licor y se quedó pensando en lo que había platicado con Carmen, a su mente llegó la figura de Aída, su pechos, sus piernas, su hermosa cara, realmente era una mujer deseable por cualquiera ¿pero por su esposa?, no, no era posible. El había tenido relaciones con Aída después de aquel trío, ella lo había buscado y se repitieron varias veces, su pene había estado dentro de ella en todos los lugares posibles, su semen había llenado su vagina, su recto, su boca, presa de la lujuria ella había tragado su semen, lo había embarrado sobre su cara, sus pechos y su vientre en escenas por mas excitantes. Había pensado decírselo a Carmen, pero ¿como explicarle que él era amante de la amante de ella?

Apagó el cigarrillo, bebió el último trago de su copa, se puso de pie y dijo en voz baja “Dios mío, en que lío estoy metido y no sé que demonios hacer”, subió a la habitación se metió en la cama observando el cuerpo desnudo de su esposa se juntó a el pensando en lo mucho que la amaba. “Sea lo que sea, no puedo dejar de amarte” fue su último pensamiento antes de quedarse dormido.

A la mañana siguiente salió de bañarse y su mujer lo esperaba en la cocina con el desayuno preparado como todos los días, mientras desayunaba ella le dijo.

-Amor y si después de hacerlo con otro sigo deseando a Aída, ¿Qué pasará?

Mario la observó sin decir palabra solo encogió los hombros y Carmen le insistió

-Por Dios Mario, dime, no quiero estar frente a la puerta de tu abandono, no quiero abrirla, solo quiero nuevamente mi felicidad a tu lado, no quiero que me dejes por acostarme con otro o por no poder resistirme a Aída.

-Chaparra, si realmente eres bisexual ¿Qué me queda por hacer?

-¿Abandonarme?

-No amor, ¡aceptarlo!

Mario se levantó de la mesa, fue al lavarse la boca, le dio un beso amoroso a su mujer y se fue a trabajar, Carmen quedó un largo rato sentada con los codos sobre la mesa y sus manos apoyadas sobre su mentón, pensaba en lo que Mario le había dicho, tal vez si era el deseo de sentir el calor y la pasión de otro cuerpo, “¿Pero como aceptar que otro me penetre, como entregarme a la calentura de otro hombre?”, “No me siento capaz de entrar a un hotel con otro, ¿hacerlo en casa?, ¿Cómo decirle a Mario que tendré a otro en nuestra propia cama?”. “tal vez en el otro cuarto ¿y Mario?, se quedará tan tranquilo escuchando que otro se coge a su mujer?”, “¿seré capaz de complacer a otro hombre?” Su mente estaba llena de dudas y de preguntas, se levantó, enjuagó los platos, los metió en el lavavajillas, pasó a la sala tomó el teléfono y marcó.

-¿Diga?

-Olga, soy Carmen, ¿tendrás el número de teléfono de René?…. Gracias amiga

Colgó el teléfono quedó pensando mientras observaba el número que había anotado en su libreta, descolgó nuevamente el teléfono y marcó

-¿Diga?

-Hola René, soy Carmen, ¿Cómo has estado, ya te casaste?

-Carmen, que milagro “castorcito”, bien, he estado bien y referente al matrimonio aún no entro al grupo de los oprimidos. ¿Pero a que debo este milagro?

-Te quiero invitar a cenar en mi casa, solo estaremos Mario, tú y yo, algo muy informal, Mario me ha insistido en que no hay razón para estar enojados, que ustedes habían sido buenos amigos y ya sabrás.

-¿Y tú estas de acuerdo en eso?

-¡Si claro!, lo que pasó, ya pasó René ¿o tu piensas diferente?

-No “castorcito”, ¿Cuándo es la cena?

-El viernes a las 8, anota mi dirección

Colgó el teléfono, se quedó pensando en como le decía René por tener esos dos dientes del centro mas grandes que el resto, cosa que era notoria cuando reía, hizo un gesto de risa frente al espejo que esta sobre la “mesita del teléfono”, al ver sus dientes sonrió por unos instantes, levantó nuevamente el teléfono y le marcó a su esposo

-Amor, invité a René a cenar el viernes, quiero que estés con nosotros y…. no sé que hacer amor, no quiero que sea tan obvio, ¿Qué debo hacer amor?

-Chaparra, en la noche platicamos sobre esto, hoy no puedo ir a comer, comeré con unos clientes.

-Está bien amor

Mario comería con Aída, quería platicar con ella sobre su relación con su mujer y seguramente terminarían llenos de pasión sobre la cama de ella.

Autor: Andrea




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