De tres a cinco
Elena no es ni guapa ni fea. No sabría decir sus medidas exactas, pero esta bien, muy bien de cuerpo. Iba a mi clase, y alguna que otra vez nos habíamos liado. Besos, caricias, nada más. No quería que hiciéramos nada más, nunca decía porqué.
Aquel fin de semana vino un amigo suyo del pueblo. La chica le había hablado de nuestras juergas, y quería participar.
Nuestras juergas empezaban a las seis de la tarde y acababan las seis de la mañana. De las seis a las once estábamos de cañas. De once a tres de botellón, y de tres a seis de pubs en pubs.
Su amigo, nosotros y todos nuestros amigos nos lo pasamos genial. Bebimos y reímos sin parar aquella tarde-noche. Y a las once estábamos ya todos más que borrachos, y eso que el botellón ni había empezado.
Sobre la una y media, el amigo y Elena, agarrados del brazo, se acercaron a mí.
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