Lesbianas calientes jugando en la bañera

La bañera desde hace algún tiempo parecía ser uno de los sitios predilectos por parejas heterosexuales para tener sexo pero ahora son también las parejas de lesbianas las que disfrutan de un agradable y morboso baño con sexo, esta pareja de lesbianas se baña juntas pero como suele ocurrir cuando hay dos cuerpos desnudos muy cerca la atracción puede con todo, con la manguera de la ducha comienzan a frotar sus cuerpos hasta llegar a sus chochos que con el masajeo del agua comienzan a humedecerse y a ponerse muy calientes, la situación llega hasta tal punto que no pueden evitar salir del a ducha para posarse en su cama y disfrutar de una buena mamada de chocho, el sexo oral es para estas mujeres uno de los mayores placeres por lo que como podéis sus lenguas nunca paran de jugar con sus vaginas.

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Con un chico de color era mi sueño

Le mire un poco, y sin darme cuenta metia mi mano en su boxer, en ese momento acaricie un tremendo paqueton

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En la ciudad de Mexico

A mi me gusta correr y hacer pesas, y me excita muchísimo que me vean desnudo las mujeres, y en el caso de mi prima el solo hecho de pensar que vería mi pene me ponía a mil por hora

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Solo ibamos a dormir juntos

Cuando por fin sus dedos me pellizcaron los pezones yo ya estaba totalmente húmeda viendo aquel hombre en la peli.

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La esposa del director

Era yo un alumno de la escuela privada más importante de la zona en las afueras de Miami, donde vivia con mi familia por entonces. Yo era tímido y un tanto introvertido y trataba de pasar lo mas desapercibido psoible, lo mismo el grupo de amigos al que pertenecía. Eso motivó que los “ganadores” del colegio, es decir, los que practicaban futbol, baseball y basquet, y los que tenían a “todas” a sus pies, nos tomaran de “punto”, como se dice.

Recuerdo que el director del establecimiento tenía una esposa realmente hermosa, buena figura, buenas piernas, buenos pechos y buenas curvas, todo muy proporcional. Todo el mundo hablaba de ella y se decían muchas cosas sin demasiado fundamento, una de ellas, que se había acostado con varios de los integrantes del equipo de futbol y que le gustaban los alumnos. Nada de eso se podía comprobar. Nosotros con mis amigos siempre hablabamos de ella y hasta fantaseábamos.

Yo nunca creí lo que se decía hasta que un día, en el último año de mi preparatoria, lo comprobé en persona.

Se desarrollaba en el colegio el baile anual del Día de la Independencia y los salones estaban colmados de gente, alumnos, padres, profesores y autoridades. Ahí estaba yo con mis amigos, sin poder conseguir una sola chica que quisiera bailar, bebiendo gaseosas y paseándonos de aquí para allá. Yo era delgado, de pelo castaño y vestía de traje. Ahí estabamos con mis compañeros cuando, de repente, una chica se me acerca y me dice que el director me llamaba.

“¿El director?” pregunté y cuando me dijo que así era, me acerqué hasta él, que en esos momentos se hallaba rodeado de profesores, padres y autoridades “García”, me dijo el director al verme, “Tome; estas son las llaves de mi auto. Mi esposa no se siente nada bien y desea regresar a casa. Usted ya tiene registro así que llévela, por favor”. Acepté sin chistar, aunque un tanto incómodo y después de tomar las llaves, me abrí camino por entre la gente hasta la salida. Mis amigos no lo podían creer y me hacían bromas al respecto, pero no les dí importancia y de ese modo, salí a los jardines, donde el auto se hallaba estacionado.

Era un gran Mercedes Benz descapotable verde obscuro y allí se hallaba la esposa del dire, con la cabeza apoyada sobre el respaldo y los ojos cerrados. Al verla, me puse tremendamente nervioso ya que estaba mas espectacular que nunca, con un vestido negro muy corto que dejaba a la vista sus increíblemente bien formadas piernas.

Subí al auto, ella me saludó sin mirarme, lo puse en marcha y sacándolo del estacionamiento, me dirigí a la calle, muy lentamente.

“Toma la autopista que conduce al bosque, que es mas corto” me dijo ella y sin decir nada, obedecí.

No podía dejar de mirar sus piernas y su pronunciado escote, aunque lo hacía lo más disimuladamente posible. Total, como ella tenía los ojos cerrados, no se daba cuenta. O al menos, eso creía.

Ibamos por la carretera cuando de repente, comencé a notar que “la dire” se empezaba a subir lentamente el vestido. Comencéa transpirar mientras el corazón me latía como loco. Ella entonces abrió los ojos y me miró a la cara “¿estás nervioso por algo?”, me preguntó. “No señora. Para nada” le respondí, pero era evidente que mentía. Entonces ella se me acercó y me empezó a toquetear el pene, mientras me miraba sonriendo maliciosamente. Yo casi pierdo el control del auto.

“¿Que estas haciendo?. Nos vamos a estrellar”, dijo. Yo empecé a tartamudear. “Señora…yo…”. “Tranquilo” respondió ella mientras me bajaba el cierre y metía la mano dentro de mi bragueta “baja un poco la velocidad”.

Obedecí como un autómata mientras ella extraía mi pene y me empezaba a masturbar. Yo intenté apartar su mano pero ella no me dejó. “Toma ese desvío” me indicó mientras besaba mi cuello. Yo no podía creer lo que me estaba pasando. Tomé el camino indicado y mientras ella me seguía acariciado la pija, en esos momentos dura como un hierro, me dijo que me introdujera en el bosque que se extendía a un costado, a lo largo de la ruta. Así lo hice. Era plena noche y nada se movía

en los alrededores.

La “dire” entonces, inclinó su cabeza y me empezó a chupar la pija. Nunca antes había tenido relaciones y aquello era algo increíble. Ella chupaba y chupaba y yo gemía como un descocido, mientras veía las estrellas. Así estuvimos un buen rato hasta que no aguanté más y eyaculé, litros y litros de leche, todos dentro de su boca. Mientras lo hacía, escuché que ella también gemía de placer y que al acerlo, se frotaba el clítoris con desesperación.

Creí que iba a perder el conocimiento. No se como arranqué y retomé el camino hasta su casa. Con ella junto a mí, siempre besándome y acariciándome todo.

En los 15 mintos que tardamos en llegar, se me volvió a parar el pedazo con mas fuerza que nunca.

La suya era una gran mansión así que, a gran velocidad, ya fuera de mí, cruzamos sus jardines y nos detuvimos frente a la gran puerta. Ella se bajó corriendo y yo la seguí. La alcancé mientras abría con su llave, apretujándole mientras le subía el vestido y le bajaba la bombacha. Se la saqé en el momento que entrábamos y fuimos a dar casi a los tumbos, sobre un gran sofá. Mirando al mismo se puso en cuatro patas, ya sin su vestido y yo, desde atrás se la metí con fuerza mientras ella gemía y aullaba de placer. Así estuvimos un buen rato, bombeando desesperadamente hasta que ella me pidió que parara un momento. Cuando se la saqué, roja como un tomate, se sentó sobre el sofá y se abrió de piernas, mostrándome su concha húmeda y roja. No lo pude evitar e instintivamente, hundí mi cara en ella y le metí la lengua hasta lo más profundo mientras ella pedía más y más. Cinco minutos duró esa increíble chupada de concha hasta que, ya no aguantando más, le volv í a meter la pija, esta vez por adelante, bombeando otra vez con desesperación mientras le lamía con fuerza los pezones.

Ella gritaba como una “descocida” mientras yo seguía “metiéndola y sacándola” como un pistón, sintiendo toda la humedad de su flujo, hasta que, como en el auto, volví a eyacular litros de esperma, tanta, que comenzó a chorrearle por la vagina y manchar la alfombra y los pisos sobre los que se hallaba el sofá.

Quedé exausto sobre ella, sin moverme por un buen rato.

Me vestí y ya me iba cuando la “dire” se me avalanzó nuevamente encima y bajándome pantalones y calzoncillos, comenzó a besarme las bolas y a chuparme la pija nuevamente. Con algo de dificultad, se me volvió a parar y al rato era otra vez un hierro al rojo vivo. Esta tercera vez, aunque algo más debilitado, volví a eyacularle, en la boca, en la cara, en el cuello y en los pechos, mientras me masturbaba sobre ella.

Me fui presurosamente, abandonando esa casa de lujuria y a gran velocidad, regresé al colegio, no sin antes acomodar mi ropa lo mejor posible.

“¿Todo bien, García?”, me preguntó el director cuando le entregué las llaves. “Demasiado bien, señor” le respondí y me fuí en busca, no de una gaseosa sino de una cerveza, porque necesitaba un buen trago. Mis amigos jamás me creyeron hasta que unos días después, estando reunidos en mi casa, la “dire” me llamó por teléfono…pero esa es otra historia.

Autor: Pascual G. E.

Alma de puta

Moralmente debo reconocer que estoy hecho polvo aunque me excite la situación. Es algo que no entiendo todavía.

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Un descubrimiento casual

Una historia casi real de cómo descubrí mi sexualidad.

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Cuando la polla no se levanta

De nuevo la Viuda Negra ataca con sus consejos. Esta vez para pollas algo perezosas.

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Experiencia con una mujer de verdad

Lo que una verdadera mujer enseña.

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Follando con el masajista para liberar tensiones

Una buena forma de liberar tensiones es ir al masajista pero no a un masajista cualquiera, esta chica conoce a un masajista capaz de librarle de las tensiones del día a día y de mucho más, después de algunos estiramientos se posa sobre la camilla y se desnuda por completo para que su masajista de confianza pueda darle ese masaje que tanto tiempo lleva esperando, este hombre disimulando un poco va bajando poco a poco sus manos sobre su pecho hasta llegar a su chocho, al principio queda algo extrañada pero al ver sus intenciones cierra los ojos y se deja llevar por un mar de sensaciones, se excita mucho mientras este tío masajea su chocho y cuando ve su paquete abultado decide pasar a la acción, saca su polla de los pantalones y comienza a mamar mientras este continua con su masaje vaginal, como era de esperar ambos se excitan y acaban follando sobre la propia mesa de masajes liberando a esta mujer de cualquier tensión acumulada.

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Atendiendo bien al visitante

Voy a dejarme ver desnuda o semi desnuda frente a el pero necesito de de manera accidental como que no me doy cuenta y observar sus reacciones.

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Carmella Bing follada junto a la piscina

Carmella Bing es una de esas pornostars que a sus casi treinta años continúan rodando escenas cargadas de sensualidad y morbo, esta en particular la reúne en la piscina junto a un tío que está dispuesto a todo por el simple hecho de lamer el chocho tan jugoso de esta mujer, comentamos recientemente lo abultado que tenía el chocho Carmella Bing y no hay duda de que para este tío lo más importante era poder introducirse literalmente en la boca esa vagina tan jugosa, la carrera pornográfica ha tenido algunos altibajos significativos, entre ellos y probablemente el más curioso es que a esta mujer que vemos con unas curvas muy sensuales y un cuerpo bastante bien cuidado, subió de peso hasta los 108kg, en los meses posteriores consiguió perder algunos kilos y a consecuencia de esto también disminuyo el tamaño de sus pechos, ya que esto era irremediable decidió operarse los senos para conseguir una talla algo superior a lo que tenía anteriormente, pero aparte de todo esto aquí la tenemos luciendo esa figura tan bella y follando como a esta mujer más le gusta.

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Jenny Blair mostrando sus dotes lesbicos

Si hablamos de lésbicos glamurosos de calidad no podemos olvidarnos de Jenny Blair, esta actriz porno es una autentica profesional del sector lésbico y realizando escenas tan calientes como esta es capaz de transmitirnos toda su sensualidad y deseo, como muchas escenas comienza practicando sexo oral pero rápidamente pasa a la acción con un enorme consolador, este tipo de consoladores aunque algo grandes son perfectos para unos chochos tan dilatados como los de estas chicas, para conseguir disfrutar de un consolador como este es necesaria una lubricación a poder ser natural muy extensa y estas dos chicas están tan calientes que sus flujos se derraman por los laterales de sus vaginas, aquí las tenéis disfrutando de estos consoladores y de sus cálidas lenguas.

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Maniacos sexuales

Desde antes de casarnos ya eramos unos viciosos del sexo

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Cálido y húmedo reencuentro

Después de un largo viaje que mejor que una buena ducha reparadora…

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